Como hijo siempre luché por tener de parte de papá unas gotitas de aprobación; al parecer todo lo que hacía y todo lo que realizaba se quedaba corto de su aprobación parcial o total. Recuerdo que viviendo en la colonia Miramonte tomaba todos sus zapatos y les aplicaba pasta de color hasta dejarlos como verdaderos espejos para que cuando él llegara a casa, sonriera y dijera "Buen trabajo". Confieso que en algunas oportunidades hasta me colocaba los zapatos de papá y caminaba con autoridad por toda la casa, mi par favorito eran las botas color café que solía utilizar cuando montaba la moto de su preferencia.
La aprobación es el tema que muchos no queremos afrontar, nos vestimos con el deseo de ser aprobados por otros, hasta el punto que cuando salimos de compras no lo hacemos solos, sino nos hacemos acompañar de amigos o familiares cercanos para que en el proceso sean ellos quienes nos guíen a una buena compra, otros hasta para hablar esperan tener la aprobación del público, ya sea por la cantidad de aplausos o de comentarios que se dan a nivel de murmullo en las multitudes; seamos honestos, todos esperamos una sonrisa de aprobación de alguien a cualquier hora del DÍA.
El origen de este sentimiento yo lo baso en la inseguridad personal, el simple hecho de creer que lo que somos es lo que la gente dice que somos, por ello los jóvenes salen y beben hasta vomitar , bailan hasta el amanecer para ser aprobados por sus amigos y con ello tener sentido de pertenencia; otros toman un camino más riesgoso que es el camino de las drogas con tal de ser aprobados por el círculo íntimo; en otros casos las jóvenes salen con personas mayores o de alto riesgo (criminales), para tener la aprobación de sus amistades o el seudo control de la situación o medios donde se desenvuelven.
El resultado de esta conducta a mi criterio es de carácter destructivo, ya que en el proceso olvidamos verdaderamente quiénes somos, nos rendimos ante las exigencias de la sociedad o círculo íntimo, cambiamos los valores que nuestros padres nos compartieron; ya que en realidad jamás los promovieron viviendo desordenadamente, pues ellos también fueron lejos en busca de las gotitas de la aprobación de sus amigos y familiares, el costo de vivir para los demás nos impide la realización total de nuestros sueños, ya que siempre complementamos los sueños de los demás antes de pensar en nuestras propias metas.
La consecuencia de ello es fatal para la espiritualidad de cada ser humano, nos encontramos llenos de vacíos, paradójico pero real; no sabemos convivir con nosotros mismos, no sabemos ni cómo perdonarnos a nosotros mismos, sino que estamos constantemente buscando el perdón de los demás para creer que nos sentimos libres de culpa, cuando en realidad la culpabilidad la llevamos dentro de nuestro corazón y mente. Ya no vivas esperando estas gotitas de aprobación en tu vida, este problema en Jesús tiene salida, Él te ama y nos acepta tal cual somos; de tal manera se entregó en la cruz por ti, no para que apruebes que Él es el Hijo de Dios, sino para darte la salida de la vida de pecado que nos aleja de la presencia del Padre Dios.