Estoy escribiendo frente al Muro de los Lamentos, lugar sagrado para los Judíos hasta hoy; ellos lamentan el hecho de no tener un templo a donde adorar la presencia de Dios en la Capital del Mundo Jerusalén, sin embargo no todos lamentan el no adorar a Dios como su creador y Dios; muchos de ellos van por la vida siendo indiferentes al llamado de reconocer como lo dice la Palabra la Biblia "Oye Israel Jehová Dios uno es, Jehová Dios Santo es".
Es por ello que pagan el precio más alto, el de vivir separados de Dios que en mi opinión es el tiempo más caro para la vida del hombre, analiza qué cosas suceden cuando caminas lejos del Señor, las peores decisiones, los peores negocios, las peores compras, y muchas cosas más son las que suceden cuando nos alejamos de su perfecta voluntad; y por ello pagamos el precio más alto, tan alto que muchos pagan con su propia vida sus errores ignorando que Jesús pagó por ellos en la Cruz del Calvario.
Vivir lamentando es vivir añorando algo que no tengo pero necesito, este estilo de vida se ha convertido en un negocio para muchos que se venden como si Dios se olvidó de ellos, otros lo toman como una fiesta de conmiseración para tener la atención de todos; no lamentes lo que estás ignorando, existe el amor de Dios que todo lo puede para ayudarte en todo lo que necesitas en tu vida; Él lo ha demostrado dejando su trono de Gloria para compartir con los mortales enseñanzas tales que hasta hoy nos cambian la vida. Cada una de ellas es prácticamente una salida.
Reconocer es volver a nacer, no puedes seguir en la senda de la vida comportándote como si todo lo que sucede te causa una herida, analiza y agiliza en ti un deseo de cambio; comienza a establecer nuevas prioridades y alternativas para alcanzar una vida mayormente positiva, no dudes que de Dios tienes su Respaldo y si existe algo en que Dios pueda ayudar cree me que no lo va a pensar para hacer el milagro en cualquier lugar, La Biblia nos dice que sin confianza es imposible agradar a Dios, vamos ten confianza e invoca que Dios jamás se equivoca.
Los lamentos son el fruto de hombres lentos, y no de Dios quien siempre ha estado con nosotros su pueblo aunque nosotros vivamos en total desacuerdo, vive una vida iluminada refresca tu mente como cuando tomas una buena limonada; abre tu corazón a su perdón, para no caer en eterna condenación, cuando pases los días malos verás que todo tenía un propósito y era que conocieras a quien hace las cosas verdaderas. Invoca hoy su nombre y reconoce como todo hombre que los lamentos son de aquellos que decidieron sacar a Dios de sus vidas creyendo encontrar ellos la salida.